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Lucía Collado

Salvemos nuestra casa!

Salvemos nuestra casa!

El 22 de Abril de 1970, fue dedicado por vez primera como Día de la Tierra.  Esta idea surgió del Senador por Wisconsin  en ese entonces, Gaylor Nelson, como una demostración de apoyo a la preservación del medio ambiente de nuestro planeta. 

Fue como unos veinte millones de norteamericanos en escuelas y diferentes comunidades a través de ese país participaron en actividades diversas para mostrar preocupación por la conservación de la tierra.  Es así como en el Central Park de New York, el alcalde John Lindsay, mandó cerrar la Quinta Avenida (Fifth Avenue) al tráfico vechicular, y miles de personas asistieron a una feria ecológica en el Central Park.

En la actualidad, esta conmeración es atendida prácticamente en todo el mundo, sobre todo en los USA y Canada; aunque hay lugares donde lo hacen el 21 de Marzo, por ser el primer día de la primavera.  De todos modos, el Earth Day, como se conoce en inglés, continua celebrando actividades en muchas partes, por semanas y meses.

De mi parte, aunque he escuchado desde la mañana mencionar lo que implica este día, elevo mis votos para que el pueblo dominicano tome más conciencia cada día, para que paremos de destruir nuestro ecosistema (montañas, playas, ríos y bosques, principalmente), porque resulta dramático ver los cambios que se han operado en nuestra naturaleza en las últimas décadas por el abuso de nuestros suelos, nuestra flora y nuestros recursos hidrográficos. 

Sea mi grito pues, de súplica para que seamos mejores ciudadanos, comenzando por la limpieza hasta dejar de abusar de nuestros recursos naturales (como lo hacen los que taladran nuestros bosques para lucrarse inmisericordemente, o como los personajes -al parecer intocables- dueños de las fatales granceras).  Precisamos de un botón más para muestra?:   El tornado que afectó la "olímpica" Vega Real y zonas aledañas este pasado fin de semana.

Yo que nací y me crie en el nuevo Suiza de América,  Valle de la Eterna Primavera, o Paraíso sin Verano, como le llamamos con orgullo los hijos de Constanza, veo con dolor e infinita nostalgia, el paisaje del presente mientras repaso en mi mente cada gota de rocío, cada día de granizadas, divertidas ocasiones de mi infancia, cuando los chiquillos del barrio recogíamos del suelo blanco (cuando sus fértiles tierras se cubrían con una alfombra de granizos), “bolitas de hielo” para comer cual si fuera un manjar helado… los juegos (como el balonazo, el “topao”, o montar bicicleta) y los baños en las chorreras de las casas y en la calle en las tardes de lluvia… y hasta el abrirnos paso cada mañana a través de la espesura de la blanca neblina, que nos obligaba a cubrir nuestras cabezas con gorros de invierno, para no llegar al colegio con la cabeza empapada y tiesa. 

Las otrora verdes y boscosas sendas y carreteras mi amado pueblo, ahora son resecas y polvorientas; pero sobre todo el fríiiio que nos hacía permanecer abrigaditos todo el tiempo -y con los cachetes colorados y los labios quemados-, son una experiencia que no tienen los pequeños -ni los grandes- ya más, porque tristemente, hoy por hoy, en Constanza se siente calorrr todo el año!.

A los citadinos capitaleños y a los de las zonas costeras, recuerden lo que les manifestaba el otro día:   Nuestras playas y mares y la basura!!!, por favor!.  De muchas maneras podemos contribuir a no seguir calentando y con ello, aniquilando nuestro habitad.  Si no por nosotros, por los que nos han de seguir pues./Lucía Collado.-

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