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Lucía Collado

Quien te ama es leal!...

Quien te ama es leal!...

Mongolia:

El rey y su halcón 

Genghis Khan fue un gran rey y guerrero que condujo su ejército por China y Persia, conquistando muchas tierras, extendiendo su imperio desde Europa del Este hasta el mar de Japón.  En cada país, muchos hombres contaron sus proezas , afirmando que desde Alejandro El Grande no había habido otro rey como él.Una mañana cuando regresaba a su casa desde las guerras,  cabalgó entre los bosque para tener un día de deporte.  Muchos de sus amigos fueron con él.  Cabalgaron alegremente, cargando sus arcos y sus flechas.  Detrás de ellos venían los sirvientes con los perros de caza.Esta fue una divertida fiesta de cazadores.  Los bosques resonaron con sus disparos y risas.  Ellos esperaban llevar mucha caza a casa en la noche.En la muñeca del rey iba sentado su halcón favorito, para estos tiempos los halcones eran entrenados para cazar.  A una palabra de sus maestros ellos volarían alto para mirar alrededor por alguna presa.  Si tenían el chance de ver un ciervo o un conejo, ellos descendían sobre éste tan rápido como una flecha.Todo el día, Genghis Kan y sus cazadores cabalgaron a través de los bosques.  Pero ellos no encontraron tanta caza como esperaban.  Cerca de la noche comenzaron el regreso a casa.  El rey cabalgaba a menudo a través de los bosques y conocía todos los caminos.   Así, mientras el resto del equipo tomo la ruta más corta, él fue por un camino más largo a través del valle entre dos montañas.El día había sido cálido y el rey estaba muy sediento.  Su mascota, el halcón, voló de su muñeca.   Este quería estar seguro de encontrar el camino a casa.El rey cabalgó lentamente porque había visto una vez una cascada de agua cristalina cerca de este camino.  Si pudiera encontrarla ahora!, pero los días calientes del verano habían secado todos los arroyos de la montaña.Al fin!, se alegró, vió algo de agua goteando sobre la orilla de una roca.  Supo entonces, que no lejos de ahí había un manantial.  En la estación de lluvia, un chorro rápido de agua siempre se derramaba ahí, pero ahora éste venía en una sola gota al mismo tiempo.El rey saltó de su caballo.  Tomó un pequeño vaso de plata de su bolsa de cazador. Lo sostuvo para atrapar las gotas que caían lentamente.Le tomó mucho tiempo llenar el vaso; el rey estaba tan sediento que apenas podía esperar.  Al fin, estaba casi lleno.  Puso el vaso en sus labios y estaba a punto de tomar.En ese momento, escuchó un sonido rechinando en el el aire, y el vaso fue quitado de un golpe de sus manos.  El agua se derramó sobre el suelo.El rey miró arriba para ver quién había hecho esto.  Fue su mascota, el halcón.El halcón voló hacia atrás y hacia adelante varias veces, y entonces se posó en medio de las rocas del manantial.El rey recogió el vaso, y otra vez lo sostuvo para atrapar el chorrito de gotas.Esta vez, no esperó mucho.  Cuando el vaso estaba por mitad, lo levantó hacia su boca.  Pero, antes de haberlo tocado con sus labios, el halcón descendió otra vez y tumbó el vaso de sus manos.Y ahora en el rey comenzó a crecer el enojo.  Trató de nuevo y por tercera vez el halcón no lo dejó beber.  El rey estaba ahora muy enojado en efecto.“Cómo te atreves a actuar así?, gritó.  “Si te hubiera tenido en mis manos, te hubiera retorcido el cuello!”.Entonces, llenó el vaso otra vez.  Pero antes de que tratara de beber, sacó su espada.“Ahora, señor halcón,” dijo, “esta es la última vez.”Apenas había terminado de hablar, el halcón descendió y tumbó el vaso de su mano .  Pero el rey estaba esperando que hiciera esto.  Con una rápida barrida de su espada, hirió el pájaro cuando pasó.De inmediato, el pobre halcón quedó tendido sangrando y muriendo a los pies de su maestro.“Eso es lo sacas por tus molestias”, dijo Genghis Khan.Pero cuando él miró para encontrar su vaso, encontró que había caído entre dos rocas donde no podía alcanzarlo.“A cualquier precio, yo beberé de ese manantial”, se dijo a si mismo.Acto seguido, comenzó a escalar la empinada loma del lugar de donde el agua goteaba.  Este fue un duro trabajo, y mientras más alto él subía, más sediento comenzaba a sentirse.Por fin!, alcanzó el lugar.  Ahí había una piscina de agua; pero qué era eso que yacía en la piscina casi llenándola?.  Era una gigantezca serpiente de las especies más venenosas!.El rey se paralizó.  Olvidó su sed.  Sólo pensó en el pobre pájaro muerto tendido en el suelo debajo de él.“El halcón salvó mi vida!”, gritó, “y cómo le pagué?.  El fue mi mejor amigo, y yo lo he matado.”

Gateó loma abajo.  Tomó el pájaro y lo levantó suavemente y lo recostó sobre su bolsa de cazador.  Entonces, montó su caballo y cabalgó velozmente a casa.  Mientras, se dijo a sí mismo: “he aprendido una triste lección hoy, y es , nunca hacer nada enojado”./Recopilado y traducido por Lucía Collado, 2001, New Haven, CT.-
 Así como Thomas Jefferson una vez nos aconsejó sobre controlar nuestro temperamento:  “cuando te enojes cuenta hasta  diez antes de hacer nada, y cuando estés muy enojado, cuenta hasta cien“;  Genghis Khan aprendió la misma lección ochocientos años antes./LC.-

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