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Lucía Collado

La fragilidad del hierro

La fragilidad del hierro
13 Septiembre 2008
Saudades

¡SOMOS TAN FRáGILES?!

Ligia Minaya

Escritora

Margaret Thatcher, la Dama de Hierro de los ingleses, padece de demencia senil. La padeció Ronald Reagan, de quien dicen, se pasaba los días recogiendo las hojas del jardín y los de Seguridad buscándolas en el vecindario para entretenerlo. Aqueja también a Adolfo Suárez, el presidente de la transición española.

La enfermedad, como todas, no tiene distingos. El ser humano es tan frágil que cualquier acontecimiento le trastorna la vida. Esto, sin contar las marcas que deja la infancia, la adolescencia, los fracasos, en fin, la vida misma.

Por eso, "hay días en que somos tan móviles, tan móviles, como las leves briznas al viento y al azar... Hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres, como en la noches lúgubres el llanto del pinar, el alma gime entonces ante el dolor del mundo, y acaso ni Dios nos puede consolar..."

Aunque la demencia senil no tiene que ver con la muerte del ser querido, ni con las carencias económicas (supongo yo), el cerebro se va desbaratando poco a poco, por decirlo de algún modo, y no es preciso ser viejo para padecer el mal.

Lo peor de todo es que se olvida el nombre y la cara de los seres queridos, el pasado, uno se pierde en las calles, e incluso llega a comerse su propia mierda.

Una se pone a pensar: Una mujer como la Thatcher, un hombre como Reagan, que en su tiempo se metieron el mundo en un puño, verse vagando en un mar de tinieblas, en un limbo, sin conocer, ni saber de nada, ni de nadie, debe ser terrible. Quizás no tanto para ellos, que no sienten el dolor que causan a su alrededor, como para los familiares y para quienes tienen que cuidarlos.

Nadie sabe cómo va a ser su vida al día siguiente. Un día somos enteramente felices y al otro podemos ser tan desdichados que el mundo se nos cae encima.

Otra vez somos tan solidarios, tan amigos y al día siguiente, o pasadas unas horas, "somos tan sórdidos, tan sórdidos, como la entraña oscura de oscuro pedernal... Hay también un día en que elevamos anclas para jamás volver. Un día en que discurren vientos ineluctables, en que ya nadie nos puede detener".

Si nos dijeran, al momento de nacer, cómo serían los últimos días de nuestra vida, no lo creeríamos. Porque quién le iba a decir a La Dama de Hierro que su vejez sería tan poco glamorosa. Ni a Reagan, señor de los señores, que iba a acabar sus días sin saber quién era, ni que había sido presidente de Estados Unidos.

Es una pena, pero la vida tiene sus cimas y sus derricaderos asquerosos, y nadie está exento a ellos. Ni los dioses se salvan. "Hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos, como un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza, y hasta las mismas penas nos hacen sonreír..." Es que el ser humano es un pozo sin fondo. Cada quien trae en sus genes, y con sus circunstancias, todo cuanto ha de vivir. Quizás la forma en que otros nos harán morir. Vivir es un riesgo, un dolor insoportable, a veces.

Sin embargo, qué hermoso es vivir. Pero hay días en que somos tan frágiles que un simple adiós nos quiebra el corazón.

Denver, Colorado Cada quien trae en sus genes, y con sus circunstancias, todo cuanto ha de vivir. Quizás la forma en que otros nos harán morir

De Ligia Minaya (para Diario Libre)
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