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Lucía Collado

Medicamentos para dormir

Medicamentos para dormir
Columna
El psiquiatra recomienda
Por Guerrero Heredia / El Caribe
Martes 9 de septiembre del 2008 actualizado a las 12:56 AM
 
  
  

 

 

 
 
 
 
Sueño

¿Sabía usted que la mayoría de los medicamentos que se usan para el sueño no han sido diseñados para restaurar esta actividad humana?, sino que son efectos secundarios de estas moléculas que por alguna razón producen somnolencia.

La mayoría de estas pastillas para el sueño que se venden a la “brigandina” en nuestros establecimientos farmacéuticos sin ningún tipo de regulación, son los llamados antihistamínicos, o sea:   medicación para combatir alergias que por un efecto secundario produce un sopor o somnolencia en la mayoría de los pacientes.

Otro grupo de medicamentos para el sueño, son algunos antidepresivos y antipsicóticos que también  ejercen su efecto sobre el bloqueo de los receptores de histamina; de ahí que la gente común asocie los medicamentos psiquiátricos con poner a la gente “zombie”.

Es deber del psiquiatra, informar a los pacientes de estos efectos y explicarles que lo más importante es que dichas moléculas no producen dependencia, vale decir, que no producen adicción.  
Una cosa es que usted sea dependiente de la sustancia para dormir.
 
La forma más fácil de hacerle entender al paciente ésto, es recordarle que antes de que usted le prescribiera la medicación, él(ella) ya había venido con la queja de que no podía dormir; quiere decir que “el problema estaba antes de iniciar la medicación”.

Ahora bien, los medicamentos que sí tienen que ser prescritos por su médico en una receta especial controlada por la Dirección Nacional de Control de Drogas son: Las benzodiacepinas y los barbitúricos. 

Hay que recordar que estos últimos ya no están en el mercado para estos fines, sino que se usan como inductores de anestesia o como antiepilépticos.

Dentro de las benzodiacepinas más usadas en nuestro país están: Diazepam, clonazepam, lorazepam, bromazepam, alprazolam, midazolam.
 
Todas estas sustancias son primas hermanas y trabajan de la misma forma a nivel psicofarmacológico. 

Se tiene la idea de que estas sustancias tienen un gran poder adictivo y que quienes las utilizan terminan dependientes de ellas, pero la realidad científica rigurosa (y no demagógica) plantea que su poder adictivo, aunque lo tienen, no es tan frecuente como se pensaba.
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