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Lucía Collado

Nos podemos mirar...

PULSACIONES
Escrito por: RADHAMÉS GÓMEZ PEPÍN

En el prólogo de su libro “La Audacia de la Esperanza” el presidente electo de Estado Unidos, Barack Obama, escribe lo siguiente:

“No hace falta ninguna encuesta para saber que la inmensa mayoría de los americanos –sean republicanos, demócratas o independientes- están hartos de la zona muerta en la que se ha convertido la política, en la que intereses que representan a muy pocos tratan de conseguir ventajas y las minorías ideológicas intentan imponer su particular visión de la verdad.

“Seamos de estados rojos o azules, sentimos en nuestras entrañas la falta de honestidad, rigor y sentido común del debate político y nos disgusta lo que parece una retahíla continua de alternativas falsas o idénticas

“Religiosos o laicos, negros, blanco o latinos, sentimos –y con razón- que no se atiende a los desafíos más importantes de la nación y que si no cambiamos de rumbo pronto, puede que seamos la primera generación en mucho tiempo que deje a sus hijos un país más débil y dividido que el que heredó de sus padres..

“Quizá más que en ningún momento de nuestra historia reciente, necesitamos una nueva forma de hacer política, que sea capaz de basarse y construir sobre lo que nos une como americanos”.

Eso dije que lo escribió Obama, pero adaptándolo debidamente pudo haberlo hecho cualquier político del continente americano, aunque creo que ninguno lo haría con mayor propiedad que un dominicano.

A riesgo de que me llamen pesimista, repito que veo muy incierto el porvenir de República Dominicana, en donde tanto trabajo cuesta imponer las cosas buenas, mientras las malas se reproducen como verdolaga.

También entre nosotros hay que busca una nueva forma de hacer política, para descartar para siempre la que se realiza desde los tiempos de Concho Primo y que tan pésimos resultados ha reportado.

Para eso, lógicamente, hay que buscar nuevas ideas, pero sobre todo nuevas caras, aun a sabiendas de que esas nuevas caras casi en su totalidad nos llegan desde una educación defectuosa, llena de lagunas y francamente decepcionante.

En modo alguno resultará fácil poner a un lado el material que tenemos hoy en uso, pero es una tarea que debe encaminarse cuanto antes, porque una dilación puede resultar catastrófica.

Y las virtudes y los defectos de los nuevos lo deseable es que sean en un ciento por ciento producto del medio nuestro y no importado, porque son las importaciones de modos y costumbres las que más han influido para colocarnos en donde hoy estamos.

En Estados Unidos la voz de alerta la da un político del sistema que con las actuales reglas de juego ha llegado a la Presidencia de ese país, desde donde promete imponer lo cambios que allí considera son necesarios.

No creo que exactamente lo mismo tenga que suceder en República Dominicana, donde debajo de cualquier yagua aparece un alacrán.  Sólo habría que buscar ese alacrán.

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