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Lucía Collado

Miedo vs. seguridad

Es normal tener miedo ante lo nuevo, el miedo es una reacción natural frente a una situación que nos toma por sorpresa y que obviamente desconocemos.  El miedo es, también, la afirmación más clara de nuestra humanidad.  Y eso lo aprendemos desde pequeños cuando damos nuestros primeros pasos.
Para aprender a caminar, uno tiene que tropezarse, golpearse, levantarse, caerse varias veces, levantarse y otra vez volver a caer; pero sobre todo vencer el miedo, vencer el círculo de temores que antecede a la primera caída...

Con el amor sucede algo parecido, uno tiene necesariamente que equivocarse, y a veces perseverar en el error, sin escuchar a nada, ni a nadie.  Y entonces uno se descubre como en la primera infancia, cayéndose una y otra vez, golpeándose con la misma piedra, venciendo los más grandes temores, pero sobre todo, aprendiendo...

El mundo nos ha enseñado con razones justificadas a desconfiar, a tener miedo de todo lo que brilla en medio de la oscuridad, a mirar con malicia y cierto prejuicio a la mano que se extiende en la desgracia.  La frase “nadie hace nada a cambio de algo” está colgada sobre nuestras cabezas como una Espada de Damocles y nos hace retroceder ante lo nuevo, por más que éste de visos claros de sinceridad y honestidad moral, la cultura de la desconfianza nos hace estar siempre a la defensiva en todos los aspectos (para la mayoría de la gente, porque todavía quedan muchos confiados).

Sandro Venturo, Sociólogo, afirma que esa es la tendencia de los jóvenes de hoy:   La de no arriesgar nunca el más mínimo de sus intereses a menos que estén totalmente seguros de algo.  El problema es que esto tiene como consecuencia que nunca se lance la moneda por miedo a fracasar nuevamente, por miedo al error y a las críticas de la sociedad.

Como resultado de esta represión, muchos se sumen en una profunda miseria, aumentando paradójicamente esa frustración que tanto se quería evitar.  La cultura del éxito nos inhibe, porque tenemos miedo de equivocarnos y al “que dirán”, por eso mejor callamos o nos quedamos inmóviles para no tener que asumir las culpas y/o para no tener que enfrentarnos al desacuerdo de los demás. Es decir, voto en blanco.
Si el ser humano no se equivocara y no perseverara en el error, simplemente no sería humano y también señala que es imposible que los hombres se liberen de este lastre por ser inherente a su esencia.

Hay que vencer los miedos, aunque la lucha sea larga y tediosa; hay que buscar dentro de nosotros esa fuerza que nos obliga a empezar de nuevo, que hace que abramos nuestros ojos, nuestras palabras, nuestro corazón.  Así, cada vez que caigamos, levantémonos y seamos realistas: intentemos lo imposible!”./ Recopilado y adaptado por:  Lucía Collado.-

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