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Lucía Collado

Cómo nace...

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Origen del Día de las Madres

La celebración del Día de las Madres se remonta a la antigüedad, en Grecia y Roma.   

En el año 250 A.C (Antes de Cristo) se iniciaron en Grecia festivales dedicados a las madres de los dioses de cada mitología:  Rhea, en Grecia, madre de Júpiter, Neptuno y Plutón; y Cybele, madre de la naturaleza, en Roma.

 

Siglos más tarde, en Inglaterra comenzaron a venerar a la Madre de Cristo, la Virgen María, con una forma de celebración parecida a la de nuestros días:   Las personas asistían a la iglesia de su párroco con ofrendas; y hacia el siglo XVI algunos asistentes sociales comenzaron a dar obsequios a las madres en lo que llamaron el Mothering Sunday (Domingo de las Madres).

Según otros historiadores, en el siglo XVII en Inglaterra comenzó la celebración de un día llamado "servicio de domingo" o "Domingo de Servir a la Madre", en la cual se honraban a las madres del país.   Los sirvientes tenían permiso para preparar un pastel para agradar a sus madres y para ir a visitarlas; y el día era pagado.   En aquel tiempo muchos de los pobres de Inglaterra trabajaban como sirvientes para los ricos y la mayoría de los trabajos estaban lejos de sus hogares, por lo que los sirvientes vivían en las casas de sus patrones. 


En 1872, la escritora Julia Ward Howe sugirió en Estados Unidos la celebración de ofrendas religiosas en un día dedicado a la paz, en el cual se invitaba a las madres que habían perdido sus hijos sirviendo a la milicia.

 

Pero el origen más definido del Día de las Madres es la historia de Anna Jarvis, de Estados Unidos.   A los 41 años de edad, era muy apegada a su madre, cuando ella murió en 1905 en Grafton, West Virginia. Junto con su hermana ciega, sintió una gran pena por su pérdida.  Entonces Anna se dio cuenta de que los niños usualmente no demostraban el aprecio a sus madres mientras aún vivían y decidió hacer algo.   Tenía la esperanza de que un Día de la Madre estimulara el respeto por los padres y fortaleciera los lazos familiares. 

Con la ayuda de sus amistades, Anna comenzó una campaña por correo para tener el apoyo de ministros influyentes, hombres de negocios y congresistas para declarar oficialmente como festivo el Día de la Madre. 

Como resultado de sus esfuerzos el primer Día de la Madre fue reconocido en una ceremonia religiosa el 10 de mayo de 1908 honrando a Mrs. Reese Jarvis, en Grafton, West Virginia, y en Philadelphia, Pennsylvania.

 

Oklahoma también homenajeó a la madre ese año.   Las flores favoritas de la señora Jarvis eran los claveles, por que se utilizaron para adornar la ceremonia.  Desde entonces los claveles rojos se convirtieron en el símbolo de las madres con vida y los claveles blancos en el símbolo de las madres que ya partieron. 

Ya en 1914, luego de deliberar y aprobar el proyecto, el Presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson firmó la petición que proclamaba el «Día de la Madre» como día de fiesta nacional, que debía ser celebrado el segundo domingo del mes de mayo.

 

No obstante no todos los países celebran el homenaje en la misma fecha.  El segundo domingo de mayo también se celebra en Alemania, pero en la mayoría de los países de Europa es el primer domingo de mayo y en Latinoamérica la fecha también varía.

 

En Nicaragua, por ejemplo, se escogió el 30 de mayo, porque Casimira Sacasa, madre de la esposa de Anastasio Somoza, presidente entonces de ese país en la década de los años ‘40s del pasado siglo, cumplía años ese día; y en Argentina lo celebran el tercer domingo de octubre.

Honrar la maternidad también fue característica de las culturas que poblaron Mesoamérica antes del encuentro entre las dos culturas.   La azteca, por ejemplo, rendía culto a la madre de su Dios Huitzilopochtli, la diosa Coyolxauhqui o Maztli, que era representada por la luna.
Según la mitología, durante la creación del mundo la Diosa Coyolxauhqui o Maztli fue muerta a manos de las estrellas, que celosas, le quitaron la vida para que no diera a luz a su hijo Huitzilopochtli, quien representaba al sol; sin embargo, éste sí pudo nacer, venciendo a las tinieblas.

Los indígenas rendían especial tributo a esta diosa y dedicaron a ella hermosas esculturas en oro y plata; las cuales no solo revelan un profundo sentido artístico sino la importancia tan grande que ellos concedían a la maternidad.

El más representativo de los rituales dedicados a las madres era el celebrado a mediados de la primavera, en el cerro del Tepeyac, con el fin de honrar a la madre de los dioses, Tonatzin, cuyo nombre significa “nuestra madre venerable”.
Los festejos a la maternidad entre los aztecas eran de carácter sacro. Peregrinar desde distintos puntos del antiguo México para honrar a Tonatzin, era un acto de comunión cósmica y una ceremonia de reconocimiento a la propia madre.
Tonatzin era la Madrecita, tenía por mayor atributo la vida; ella la daba.  De ahí su importancia y su fuerza más grande.  Era el elemento vital de la sangre y, por lo tanto, también la guerra y la muerte eran sus atributos.

En las fiestas se le invocaba como madre de las divinidades, de los rostros y los corazones humanos.  Tonatzin aparecía muchas veces, según cuentan, como una señora vestida elegantemente de blanco que de noche gritaba y pregonaba.
También cuentan que traía una cuna a cuestas, como quien trae a su hijo en ella.   Iba al mercado y se acomodaba entre las otras mujeres; más tarde desaparecía, abandonando la cuna por ahí.  Cuando las otras mujeres advertían la cuna estaba olvidada, se asomaban a ella y encontraban un pedernal (cuarzo de color amarillento), con el cual se hacían sacrificios en su honor./
Recopilado por Lucía Collado.-

Los dominicanos, dedicamos el último domingo de mayo para esta celebración, que penosamente, como todas las demás con un origen espiritual, se ha ido volviendo cada vez más comercial en este mundo globalizado y consumista que tanto nos seduce hasta envolvernos en una frenética competencia.  Vale apuntar, que no necesitamos un día específico para honrar a nuestros seres amados, en especial a la madre amorosa que nos da su aliento por encima de su propia vida.  Ahora bien, es bonito halagarla en esta fecha, por supuesto!./  Lucía Collado.-

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